LA AVENTURA CONTINÚA

 In EARTHWIDEWALK, EXPEDICIÓN NEMO

El 20 de marzo de 2016 alcanzaba de nuevo el kilómetro 0 en la Puerta del Sol de Madrid y le ponía el punto y final a la aventura en la que había estado inmerso los últimos años de mi vida: EARTHWIDEWALK / LA VUELTA AL MUNDO A PIE. Mucha gente me pregunta qué ha sido de mí desde entonces, cómo me he vuelto a adaptar a la rutina o si he sido capaz de volver a vivir entre cuatro paredes.

Mi primer mes lo pasaba en Madrid inmerso en el ajetreo, con la sensación de que todavía continuaba de viaje. Había conseguido regresar, estaba de nuevo en casa, pero no acababa de asimilarlo. Todo trascurría muy de prisa, cada día seguía siendo completamente nuevo y emocionante, el reencuentro con los míos, entrevistas, reuniones. Mentalmente estaba donde quería, satisfecho por haber culminado el reto y, realmente, si había sido capaz de superar las dificultades que entraña un viaje así, ¡cómo no iba a ser capaz de adaparme rodeado de comodidades!…

Sin embargo, físicamente no fue tan fácil. Tres años caminando dejan sus secuelas, me había vuelto una persona silenciosa y solitaria, poco habladora, me aturdían las multitudes, los ruidos de la ciudad, la música alta. Acostumbrado a vivir a la intemperie el aire del interior de las casas y edificios me parecía tremendamente seco. Las primeras noches dormía en el suelo con mi esterilla, posteriormente pasé a dormir con mi saco sobre la cama, dormir en el saco me hacía sentir todavía el sabor de la aventura. Pasaron varias semanas antes de que volviera a dormir otra vez entre sábanas, me parecían un invento incómodo y aparatoso. Cada vez que escuchaba un ruido detrás de mí, el chasquido de una rama, un sonido extraño, automáticamente me giraba para comprobar qué era, acostumbrado a estar en constante alerta y atravesar regiones donde en ocasiones a mi espalda había un tipo con un machete. Llevaba tres años con los sentidos completamente abiertos y atentos a mi entorno, con el instinto de supervivencia a flor de piel, me llevó bastante tiempo relajarme. De hecho, todavía no lo he hecho del todo. No me gustaba pasear por lugares estrechos, al entrar a un lugar analizaba las caras de la gente por si había alguna posible amenaza y cómo salir de ahí en caso de emergencia, en los restaurantes me sentaba con la espalda pegada a la pared para tenerla protegida. Se me había cerrado el estómago y comía menos, me gustaba levantarme al amanecer, me subía a un coche y me mareaba, la mayoría de las conversaciones me parecían triviales, los programas de televisión exactamente iguales en todos los países y los telediarios moldeando las opiniones de una sociedad automatizada. Así que, en cuanto tuve la oportunidad, me retiré con mis diarios de viaje, mapas y fotos a un rincón perdido de Asturias a escribir el libro donde narraría mis venturas y desventuras.

Me llevó prácticamente un año terminarlo, se dice pronto, escribiendo entre ocho y diez horas todos los días con disciplina. Después de estar caminando 45 kilómetros diarios durante varios años, no fue fácil estar sentado en una silla frente a un ordenador, más aún cuando no sabía mecanografía y escribía usando apenas cuatro dedos de mis manos. Al principio dudaba si escribirlo en presente o pasado, en primera o tercera persona, cogía un bolígrafo y un cuaderno y me iba a caminar por la montaña, me sentaba en el banquito de algún pueblo o a la entrada de una ermita solitaria y escribía algunas líneas para ir rompiendo el hielo, los primeros pasos torpes de un arduo y largo camino.

Además, yo mismo seguía cambiando, mi mirada sobre las cosas estaba en constante trasformación, asimilando, reflexionando, sedimentando los posos de una experiencia así, por lo que la escritura se volvía aún más difícil: quería plasmar lo que objetivamente había vivido, y no cómo luego interpretaba todo aquello alejado de la supervivencia, quería ser fiel a los hechos y no alejarme de ese estado mental tan auténtico. Sin embargo, poco a poco fui cogiendo soltura y la estructura del libro y el devenir de los acontecimientos comenzaron a dibujarse claros en mi mente. Recuerdo leer con emoción algunos pasajes de mis diarios, reviviendo el momento en que los escribí, mirando fotos, no fue fácil elegir qué contar cuando sólo cruzar caminando Irán, la India o Australia podían constituir un libro o una película. Escribir un libro es un ejercicio de honestidad, no quería maquillar la realidad, ser políticamente correcto ni dejarme cosas en el tintero, quería contarlo todo, al menos, lo más importante, capturar la esencia, era el momento de vaciarse y  llegar lo más profundo posible. Conforme iba pasando por lugares iba investigando datos y  retomando el contacto con amigos que hice a lo largo del camino, cada mañana me levantaba con ganas de seguir escribiendo, releía lo que había escrito el día anterior para recuperar el hilo y me ponía manos a la obra. Incluso en los momentos que no escribía, mientras comía, me duchaba, o hasta durmiendo estaba dándole vueltas a cómo contaría lo que tenía por delante. Jugaba a mi favor un viaje con muchas lecturas: la épica y la aventura, geografía y antropología, medio ambiente, el viaje interior, pero sin duda también quería que fuera un libro con valores, no un mero relato de penurias y sucesos o el típico libro de viajes, sino una historia de superación y coraje, de búsqueda de la belleza, de amor y amistad, un canto a la vida y la libertad…Y poco a poco, letra a letra, paso a paso tal y como fui rodeando el planeta con mis pies, fui contando mi historia hasta ponerle el punto y final y cerrar el círculo. El 4 de abril de 2017 publicaba con orgullo la culminación a los últimos cinco años de mi vida: ”LIBRE Y SALVAJE: La Gran Aventura de la Vuelta al Mundo a Pie”, con el sello Zenith de la editorial Planeta.

Sin embargo, un sentimiento iba creciendo dentro de mí, echaba de menos la intensidad de la aventura, comenzaba a pasar ya mucho tiempo desde que concluyera la vuelta al mundo y las ganas de embarcarme en una nueva expedición iban en aumento. Recuerdo perfectamente la noche en la que el nuevo proyecto irrumpió con fuerza en mi interior. Fue unas semanas antes, mediados de marzo de 2017, prácticamente coincidía con el final de la escritura del libro y algo en mi interior sabía que había llegado el momento. Llevaba un tiempo esbozando varios retos en mi mente sin decantarme por ninguno, necesitaba verlo claro, tener esa certeza, sentir la llamada. Dormía plácidamente inmerso en el más profundo de los sueños con las persianas subidas y la ventana abierta sintiendo la brisa fresca entrar en mi habitación mientras fuera caía la tormenta, el viento agitaba las copas de los árboles y la lluvia caía con persistencia, cuando me desperté sobresaltado. No habían sido los truenos que retumbaban en la noche partiendo el cielo los que me habían despertado, no, era el sueño que estaba teniendo. Soñaba que nadaba en un océano azul y profundo batiéndome contra las olas, como un pez, sentía que pertenecía al agua…una sensación difícil de explicar. Me incorporé en mitad de la madrugada, me senté en el borde la cama y en el preciso momento en que cayó un rayo iluminando la estancia, lo supe. Uniría nadando los cinco continentes. Me levanté excitado, encendí la luz y comencé a investigar y recabar información. No se podía haber revelado en mí de forma más clara. Acababa de comenzar ese arduo y bonito camino que va desde el nacimiento de un sueño hasta que se hace realidad, la motivación, la incertidumbre, la ilusión, la ambición y la disciplina. Muchos os preguntaréis cómo pienso hacerlo, os invito a seguirme. Tengo el enorme placer de presentaros: LA EXPEDICIÓN NEMO.

 

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Showing 5 comments
  • José Luís Belzunce
    Responder

    Please Be careful the sea is more dangerous than walking

  • Javi
    Responder

    La ‘Expedición Nemo’ me resulta realmente excitante y pienso seguirla muy de cerca. Gracias Nacho por hacernos soñar con cada uno de tus pasos y ahora con cada una de tus remadas!

  • Pablo
    Responder

    Interesante reto. Imagino q piensas empezar por Gibraltar no? Y el de el estrecho de Bering, de qué punto a qué punto piensas hacer?
    Un abrazo crack

    • Nacho
      Responder

      Comenzaré en junio de 2018 nadando el estrecho de Gibraltar. En Bering, la idea es ir nadando de la isla Diómedes Mayor (perteneciente a Rusia) a Diómedes Menor (perteneciente a Alaska, Estados Unidos).

  • Benito del Siglo
    Responder

    Eres lo mejor. Nunca he sabido de nadie tan intrépido como tú. Creo que eres un modelo a seguir en todos y cada uno de los ámbitos de la vida. Me avergüenza hablarte, pues en tal alta estima te tengo, que muero porque no muero. Eres, sencillamente, el ser supremo, la criatura destinada a marcar los caminos de la humanidad. Mi vida no tiene sentido sin la tuya: ¿qué digo? La vida del planeta es una burda broma si no escuchamos tus sapientísimas palabras, cargadas de la experiencia de quien ha conocido tantos países, aunque sea de pasada, y ha escrito tantas palabras y tan distintas ellas entre sí.

    Que Dios, Gaia, Buda, Alá y todo lo numinoso que hay en el mundo te acompañe siempre, y que no te dejes caer nunca jamás en la homosexualidad esa que tanto te acecha.

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