SINCHRONICITY

 In EARTHWIDEWALK, EXPEDICIÓN NEMO

Sincronía es el estado que uno alcanza cuando sus sentimientos, ideas y acciones se alinean. Un estado de gracia que se produce cuando uno descubre su propósito en la vida y encuentra su camino, su lugar en el mundo. Entonces, como si de algo mágico se tratara, todas las piezas encajan en nuestra cabeza, todos los puntos se conectan y la vida cobra un sentido obvio, evidente, inevitable. Y entonces, uno se da cuenta de que somos seres libres, capaces de hacer cosas increíbles, y todo ocurre como si ya estuviera escrito en algún lugar esperándonos desde siempre.

Nos pasamos la vida siguiendo el camino marcado, intentando encajar en lo que los demás esperan de nosotros, buscando nuestro hueco en una sociedad extraña con la que no nos sentimos identificados y un ritmo de vida con el que no comulgamos, en cómo se suponen que deben ser las cosas…pero nos olvidamos de nosotros mismos. Descartamos nuestros sueños por poco probables, los consideramos fantasías poco prácticas, olvidando que en ellos está la esencia última de nuestro ser, lo que nos diferencia del resto, lo que nos hace vivir una existencia plena. A lo largo de la vida tomamos muchas decisiones, algunas pequeñas y triviales, otras grandes…Son éstas las que nos identifican como personas.

Vivimos sin ser dueños de nuestra vida. Y es en ese momento, cuando tiramos la toalla, la existencia se tuerce, la mirada se vuelve opaca y firmamos nuestra sentencia de muerte. Y lo sabemos, algo en nuestro interior nos lo dice, pero hacemos oídos sordos, por una extraña razón preferimos no escuchar y mirar hacia otro lado, sustituir nuestras ideas por otras ajenas. Y renunciamos a una vida libre y auténtica, nos condenamos a vivir una pseudo-vida. Y entonces, nos convertimos en meros imitadores, la copia de una copia, patrones y estereotipos que aprendemos al dedillo mirando una pantalla, la televisión, las redes sociales, la publicidad, en vez de romper el armazón que nos inmoviliza y alzar los brazos clamando al cielo: ¡estoy vivo!. Meros compradores, consumidores, pagadores de letras y facturas, rodearnos de cosas inútiles se convierte en el sentido de nuestras vidas. Hemos vendido nuestra alma, la vida se vuelve entonces borrosa, difusa y se nos escurre entre los dedos de las manos.

Nos pasamos la vida en la brecha entre el deber y el querer, entre lo práctico y lo que de verdad nos gustaría, viviendo la realidad tras un velo, acorde a reglas y leyes escritas por otros. Parapetados tras infinidad de excusas, va pasando el tiempo como si no fuéramos dueños de nuestras vidas, como si careciéramos de voluntad cuando, en el fondo, somos víctimas de nuestra propia mente, somos nuestro mayor límite. Somos seres maravillosos, pero nos consideramos poca cosa, somos seres luminosos pero nos creemos pequeños, débiles y dependientes. Tenemos miedo. La mayoría de las personas prefieren permanecer en el confort y la comodidad, sin asumir riesgos, sin tomar partido.

Sólo unos pocos valientes deciden dar el salto, recorrer su propia senda y escribir su destino. Romper las ataduras, soltar tus miedos, salir de mátrix, mirar a la muerte a la cara y darte cuenta de que la vida es un milagro, un regalo que nunca te van a hacer dos veces. La sincronía se produce cuando eres consciente de quién eres, de qué quieres, del mundo que te rodea, de lo valioso que es el tiempo. Y, de repente, te sientes poderoso, ya no estás disperso, enfocas toda tu fuerza en un solo punto. Y te sientes invencible porque sabes que estás en lo correcto, vas a por todas y no tienes nada que temer. Y los días se vuelven muy cortos, nos faltan las horas, y nos levantamos con los primeros rayos de sol, y no nos acostamos hasta caer rendidos.

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