VIAJEROS RESPONSABLES Y TURISMO SOSTENIBLE

 In CONFERENCIAS, EARTHWIDEWALK, EXPEDICIÓN NEMO

El turismo, tanto si es por negocios o razones profesionales como por ocio y entretenimiento, es el fiel reflejo de nuestros hábitos y estilos de vida, y tiene grandes consecuencias de carácter económico, cultural, sociopolítico y medioambiental en los lugares de destino. En un mundo cada vez más poblado y globalizado, donde las nuevas tecnologías y los avances en los medios de comunicación y transporte están haciendo el planeta cada vez más pequeño y hasta rincones remotos como la cima del Everest, la Antártida o el espacio exterior son cada vez más accesibles, un cambio de rumbo hacia un turismo sostenible es necesario si queremos conservar la diversidad cultural y la salud de nuestros ecosistemas. Esta misión recae sobre gobiernos y autoridades regulando el sector a través de la legislación y la educación, sobre la oferta de las empresas turísticas, así como sobre un nuevo modelo de viajero responsable, consciente y formado, que es quien en última instancia como consumidor tiene el poder de intervenir en el curso de la historia con sus propias decisiones.

A lo largo de mi vuelta al mundo, así como en otros viajes y aventuras realizados con anterioridad, el camino me brindó la oportunidad de actuar en numerosas situaciones minimizando el impacto en las regiones que atravesaba, así como de observar y aprender en otras. Mediante algunas anécdotas sencillas y situaciones que viví en primera persona iré haciendo un repaso por esos hábitos y actitudes sobre los que creo importante tomar conciencia para ser un viajero más responsable en el marco de un turismo sostenible.

Un día, en la población de Tabriz (Irán) salí a comer algo a mediodía y me encontré en un restaurante con dos ciclistas, uno checo y otro alemán. Nos sentamos juntos a compartir impresiones y experiencias del viaje. Comenzaron hablando del peligro que existía unos kilómetros más adelante, donde corre el rumor de que en una población llamada Rajein asaltan a los viajeros a punta de pistola. A pesar de que siempre quiero estar bien informado, nunca me gustó que vertieran sobre mis oídos sospechas y temores infundados, condicionando mi estado de ánimo y visión sobre el país de un modo negativo. La conversación fue degenerando hasta el punto de acabar riéndose de las mujeres iraníes, ¡qué hacían las pobres mirando escaparates de moda o yendo a la peluquería si tenían que ir tapadas con velo! En ese momento, para no seguir formando parte de aquel bochornoso espectáculo, me levanté, pagué mi cuenta y me fui sorprendido de cómo se puede ser tan ignorante. En otra población llamada Hidaj unos hombres tuvieron el detalle de hospedarme una noche en su casa, presentarme a su familia, enseñarme la fábrica y el campo donde trabajan. En un momento dado, nos hicimos una foto todos juntos y a mí no se me ocurrió otra cosa que sacar el pulgar hacia arriba, como he hecho en tantas otras ocasiones, indicando que va todo bien. Uno de los hombres me indicó con una señal amable y sutil que lo bajara, que era un gesto feo en su cultura equivalente a un corte de mangas, inmediatamente lo bajé. Afortunadamente, lo había aprendido en un ambiente informal y amistoso, acto seguido nos hicimos de nuevo una foto todos con el pulgar hacia arriba. Informarse sobre las costumbres y tradiciones de los países que visitas es fundamental, abandonando ese etnocentrismo con el que los europeos parecemos mirar al resto del mundo, y sumergirnos en sus culturas sin juzgar ni criticar, respetando su identidad. Aunque no compartamos las costumbres, hemos de respetar la diferencia.

En otra ocasión caminaba por la región de Uttar Pradesh, al norte de la India, con un envoltorio de plástico en la mano buscando una papelera. Me acerqué a un hombre que estaba sentado a la sombra en la puerta de su establecimiento y, mediante gestos, le di a entender que quería un lugar para arrojar la basura. Me señaló el suelo, indicando que lo podía tirar ahí. Puse cara de rechazo, mostrándole que no aprobaba su recomendación, a lo que cogió el envoltorio de mi mano y lo tiró él mismo al suelo. Allí, ese gesto es completamente normal, el país está lleno de basura, barrios enteros viviendo en vertederos, los llamados “slums”. Sin embargo, recogí el envoltorio del suelo ante su mirada de indiferencia y lo volví a guardar hasta que encontrara un contenedor. En Australia, atravesando larguísimas jornadas a través de desierto sin ver nada ni a nadie, iba guardando las latas, botellas y plásticos que iba gastando en una bolsa entre mi material para deshacerme de ellos al alcanzar una población, a pesar de ser un peso inútil y tener que trasportarla durante cientos de kilómetros. Es responsabilidad del turista no arrojar la basura al suelo en las calles, en las playas, las montañas, sino en los lugares destinados a ello, aunque suponga una molestia trasportarlo, y dejar el lugar lo más intacto posible.

En una sociedad como la europea donde se le da mucha importancia a la alimentación, a la dieta, a las calorías y las proteínas, a comer cinco veces al día, me preguntan con frecuencia cómo hago para compensar el gran desgaste que produce caminar tan largas distancias, si tomo suplementos, batidos o barritas energéticas. Bien, he comido las comidas tradicionales de cada país, desde las baklavas de Turquía al tajin de Irán, el momo de Nepal, el dhal de India, las papas a la güancaína y el ceviche de Perú. También he estado larguísimas jornadas atravesando desiertos como en Australia o el desierto de Atacama en Chile racionando la comida y comiendo muy poco. He llevado un filtro depurador de agua, así como pastillas potabilizadoras para depurar el agua en caso de emergencia. Resulta curioso el tremendo potencial que tenemos tanto física como mentalmente, que podemos realizar grandes esfuerzos comiendo poco, descubrir cómo más allá de nuestra zona de confort hay cosas muy interesantes, y que la verdadera fortaleza proviene de la mente. Una gran parte de la población mundial se alimenta con un plato de arroz al día y vive constantemente en lo que aquí llamamos crisis. Un viajero responsable es aquel que come la gastronomía típica del país y consume productos artesanos autóctonos evitando la contaminación derivada del trasporte, colaborando con las economías locales y agradecido por tener algo que llevarse a la boca en vez de quejarse de la escasez y la falta de confort y comodidades.

Hablando de comida, un día estaba en la frutería de un país remoto, ahora mismo no me pregunten cuál, y en un afán por querer aprender vocabulario le pregunté a la frutera cómo se decía manzana –  En España decimos “manzana”, en inglés “apple”, ¿aquí? – A lo que me respondió – “mela” – Con la misma intención, señalé las peras y le pregunté – En España “pera”, en inglés “pear”, ¿aquí? – Me dijo – “pelas” – ¡Ah, estupendo! – exclamé – entonces, ¿mela, pelas? – Me dijo: sí. Me entró la risa y ella, que no entendía muy bien por qué me reía, también se rió, y fue un momento gracioso. En otra ocasión, atravesando Australia, me encontré con un ciclista, nos presentamos  pero en vez de decirle que me llamaba Ignacio le dije Nacho, que es más fácil, a lo que me contestó sorprendido – ¿Nature? – Le dije – ¡No, no, “Nacho”, like mexican food”! – Y a los 5 minutos debió hacer una asociación de ideas y me llamó – Ey “Taco” – dando lugar a otro momento singular dentro del viaje. Y como éstas, ocurrieron algunas situaciones peculiares debido al idioma. Está claro que si te quieres entender, en cualquier lugar del mundo lo vas a hacer aunque no hables el mismo idioma, con mímica, un bolígrafo y un papel, haciendo dibujos con un palo en la tierra o con el lenguaje más antiguo de todos que es el de los gestos y las miradas. Sin embargo, ¡cuántas veces he echado en falta conocer la lengua local para poder comunicarme, saber, compartir! Aprender aunque sean unas palabras básicas del idioma local es un indicio de respeto hacia los habitantes del país, una demostración de interés por su cultura y un gesto que te acercará a ellos.

A lo largo de mi aventura alrededor del mundo sólo enfermé en una ocasión, en Chiapas (México), donde contraje la fiebre chikungunya. Llevaba dos años y medio de viaje y me confié, pensé: con todo lo que llevo recorrido a mí ya no me pasa nada – Cometí el error de adentrarme en esta región en época de lluvias, junio de 2015, con una epidemia del virus de la chikungunya del 70% (7 de cada 10 personas la habían contraído), y en pantalón corto y manga corta corriendo bajo la lluvia. Fue tentar la suerte. Cuando llegué a Oaxaca tuve que estar 6 días convaleciente postrado en la cama con 41º de fiebre y un dolor fuerte de articulaciones. Cuando viajas tan expuesto, un pequeño error puede salir muy caro. Al viajar solo y a pie, extremas las precauciones, te pones las vacunas necesarias, duermes bajo una tela mosquitera en regiones donde hay riesgo de contraer malaria o dengue, cocinas los alimentos para evitar la fiebre tifoidea, vistes manga larga para evitar picaduras de mosquitos y quemaduras solares, te informas de la situación política y económica de los países que vas a atravesar, avisas a las embajadas para dejar constancia de la ruta a seguir, sólo tomas agua previamente tratada para evitar problemas de salud y eres consciente de que, cuanto mayor es el peligro de la región atravesada, mayores son las precauciones y la planificación que has de realizar. Un viajero responsable evita poner en riesgo su salud, así como poner en juego la de las demás.

Atravesando el Parque Nacional del Lauca, Reserva de la Biosfera, en los Andes, en mi camino a Bolivia, recuerdo con tristeza cómo tenía que buscar el ángulo adecuado con la cámara para que no saliera basura, alguna lata, botella o bolsa de plástico en la foto. Al perder Bolivia su salida al mar en la guerra del Pacífico a manos de Chile, los camioneros bolivianos guardan su basura y la arrojan en territorio chileno a modo de protesta. Da lástima estar en un entorno privilegiado, rodeado de lagunas, humedales y volcanes nevados a 5.000 metros de altitud, y ver basura por todas partes. En la población de Sauraha, al sur de Nepal, me ofrecieron la posibilidad de montar en elefante y hacer un tour por las inmediaciones del Parque Nacional de Chitwan. Sin embargo, saber cuáles son las condiciones de vida de estos pobres animales y conocer los brutales procedimientos con los que son domesticados hicieron que rechazara por completo este tipo de prácticas. Resulta innegable la responsabilidad que tienen viajeros y turistas, blogers y periodistas, a la hora de comunicar y denunciar, más aún hoy en día que las nuevas tecnologías y las redes sociales hacen de altavoz y ponen al alcance de la sociedad entera viajes y experiencias.

Como muchos sabéis, mi vuelta al mundo tuvo por propósito documentar el cambio climático y el estado medioambiental de los ecosistemas que iba atravesando. ¿Cómo me desplacé?: caminando, el medio de trasporte más silencioso, respetuoso y sostenible que existe, y la mejor manera de sumergirse en las culturas de los países que atraviesas. Tras pasar días o semanas inmerso en la naturaleza con los sentidos abiertos, atravesando bosques, montañas y desiertos y llegar a una urbe tenía la oportunidad de comprobar el modelo de desarrollo insostenible que son las ciudades, completamente saturadas de ruido, contaminación, tráfico, carreteras, polígonos industriales, fábricas…Qué vital resulta para el planeta y nuestra salud emplear medios de trasporte respetuosos con el medio ambiente y fuentes de energía limpias.

Éstas son sólo algunas de las muchas acciones que puede practicar un viajero responsable guiado sencillamente, sin grandes ni enigmáticas fórmulas, por el sentido común y el respeto hacia el planeta y la diversidad de culturas que lo habitan. Resulta innegable que la globalización y el contacto de los turistas con los lugares de destino produce una aculturalidad y una homogeneización. La pérdida de biodiversidad sigue un ritmo alarmante, llegando a perderse cerca del 60% en los últimos 50 años. ¿No es acaso la vida un viaje?, ¿no es cierto que estamos en este mundo de paso? Como viajeros, como turistas, habitantes pasajeros del planeta, está en nuestras manos adoptar unos hábitos y estilos de vida responsables y encauzados hacia un modelo de desarrollo sostenible, compatible con la salud y la diversidad biológica y cultural en la Tierra.

Recommended Posts

Leave a Comment

Contacta conmigo

Déjame un mensaje sobre posibles conferencias, propuestas de patrocinio y otros asuntos en general.

Not readable? Change text. captcha txt