ESTRECHO DE GIBRALTAR: 1er cruce a nado de la ExpediciónNemoKayak.

 In EXPEDICIÓN NEMO

Tras un año y varios meses de arduo entrenamiento y preparativos, desde que en abril de 2017 publicara el libro de mi anterior aventura La Vuelta al Mundo a Pie y decidiera embarcarme en La Expedición Nemo, por fin llegaba el día de tirarme al agua e intentar el primero de los cruces a nado: el estrecho de Gibraltar. El día fijado en el calendario fue el 8 de junio de 2018: Día Mundial de los Océanos.

15’1 kilómetros desde Isla Palomas en Tarifa (España) hasta Punta Cires (Marruecos) uniendo Europa con África, uno de los retos más difíciles en el mundo de la natación en aguas abiertas y un lugar único en el planeta. Punto de encuentro del océano Atlántico y el mar Mediterráneo, fuertes corrientes y un viento constante hacen realmente difícil encontrar un día con buenas condiciones para afrontar el cruce. En este lugar se produce el llamado efecto Venturi, fenómeno meteorológico que dispara la velocidad del viento y las corrientes cuando la geografía presenta forma de embudo y, por ello, es frecuentemente visitado para la práctica de deportes de vela.

Viajamos mi equipo y yo desde Madrid hasta Tarifa. Estamos grabando un documental de cinco capítulos de la expedición, uno por estrecho, y queremos llegar unos días antes para entrenar y filmar. El estrecho de Gibraltar es ruta migratoria de mamíferos marinos, hacemos una salida en barco para avistar cetáceos con la tremenda suerte de poder ver calderones, delfines, peces luna y hasta un cachalote saliendo a la superficie a coger aire antes de sumergirse de nuevo en las profundidades, pueden permanecer hasta 45 minutos bajo el agua y descender hasta los 2000 metros de profundidad para alimentarse. Esta salida me sirve también para tener una perspectiva de las dimensiones del estrecho y, sinceramente, cuando lo observo desde el barco en mitad de sus aguas sacudido por el oleaje me parece desmesuradamente inmenso, profundo y revuelto, y la distancia entre España y África insalvable. Me hago pequeño, mientras pienso dónde me he metido, si seré capaz.

El 8 de junio llega, sin embargo, el viento persiste, como lo hará el 9, el 10, el 11…y mis nervios se ponen a prueba. Han sido muchos meses de intenso trabajo para llegar hasta aquí y, al hacer público el desafío y haber más gente involucrada, has de aprender a gestionar la situación con paciencia. Sé de otros nadadores que tuvieron que volver a casa en ocasiones anteriores con las manos vacías sin poder realizar su intento. La organización que nos va a dar cobertura durante el cruce es la ACNEG (Asociación para el cruce a nado del Estrecho de Gibraltar), y nos avisa de que tiene que haber un viento inferior a factor 4 para que nos llamen. Como ese día no llega, resolvemos volver a Madrid y esperar la llamada.

Sigo entrenando en piscina, como un hábito diario, esperando, hasta que por fin el lunes 25 de junio, dos semanas más tarde largas como años, suena el teléfono. Es Laura, de la Acneg, me informa de que al día siguiente, martes 26, hay una ventana de buen tiempo, el viento amaina, y podemos realizar nuestro intento. El tiempo es muy inestable en esta región y difícilmente pronosticable con más de uno o dos días de antelación. Rápidamente vuelvo a avisar a mi equipo y a algunos medios de comunicación, y nos embarcamos en un viaje relámpago a Tarifa. Tras siete horas de coche, llegamos prácticamente de noche, lo justo para cenar y descansar un poco antes de que al día siguiente tenga una cita con el destino. Ese día que tanto he estado esperando y al que tanto miraba en cada entrenamiento ha llegado, y no puedo perdonar.

La hora de encuentro es las 8:30 de la mañana en el muelle 2 del puerto deportivo de Tarifa. Allí nos esperan las embarcaciones Columba y El duende del Mar, con la tripulación de la Acneg. Soy una mezcla de emoción, ganas, pasión, nervios, incertidumbre. Nos repartimos entre las embarcaciones, nos dirigimos a la isla de las Palomas, el punto más meridional de España y Europa, y salto al agua para acercarme hasta las rocas y tocar tierra. Cojo aire profundamente, trato de controlar mis emociones y, cuando suena el silbato dando la señal de salida, comienzo a nadar dando las primeras brazadas.

Voy atento a mis sensaciones, prestando atención a que no me entre agua en las gafas ni se empañen, la temperatura del agua es buena y no tengo frío. Me han hecho hincapié en que la primera hora nade a buen ritmo para superar una corriente fuerte que empuja hacia el Mediterráneo, y así hago. Tomo como referencia la embarcación blanca Columba que va delante de mí marcándome el rumbo y buscando las corrientes favorables. A mi izquierda y mucho más cerca, la zodiac Duende del Mar, dándome cobertura y asistencia en caso de necesitarlo. Tienen más de 20 años de experiencia ayudando a nadadores a cruzar el estrecho, y una gran profesionalidad.

Pasada la primera hora tomo el primer avituallamiento, consistente en fruta troceada y unos tragos de bebida isotónica. A partir de aquí voy buscando rebasar la mitad del estrecho, cuando las embarcaciones cambien la bandera y pongan la de Marruecos al entrar en sus aguas territoriales. Intento no mirar el final, no tratar de divisar África, pues sé que aún está muy lejos y puede desmoralizarme. Me centro en dar cada brazada con estilo y suavidad, fluyendo, sin pelearme con el agua, minimizando el esfuerzo, la mar está tranquila y sin apenas oleaje. Se dice que el nadador no cruza el estrecho, sino que es el estrecho el que deja al nadador cruzarlo. Pienso si veré algún cetáceo, algún delfín o calderón, o algún animal emergiendo de las profundidades. Pienso también en todas esas personas que intentan cruzarlo en precarias embarcaciones y perecen ahogados. Pienso en las razones por las que me embarco en estas expediciones, obviamente no busco la muerte, solamente estoy buscando aquello que me hace sentir vivo. Cuando levanto de nuevo la cabeza en uno de los innumerables avistamientos, observo que la embarcación Columba ha cambiado la bandera, ¡no llevamos ni dos horas de travesía y ya estamos en aguas marroquíes, sólo queda la mitad!

Me siento fuerte, pero voy dosificando las fuerzas, sé que la travesía es larga y al final hay una corriente fuerte que vencer junto a las costas de África. El estrecho de Gibraltar es uno de los lugares con mayor tráfico marítimo del planeta, el mar Mediterráneo alberga el 50% del tráfico marítimo mundial y gran parte de estos barcos entran a través del estrecho de Gibraltar. Hemos rebasado el primer dispositivo, próximo a España, los barcos que salen del Mediterráneo rumbo al Atlántico, ahora la siguiente referencia es rebasar el segundo dispositivo, los barcos que entran pegados a Marruecos desde el Atlántico al Mediterráneo.

Me detengo un instante para realizar el cuarto avituallamiento, un gel con azúcar y cafeína y un trago de bebida isotónica. Comienzo a distinguir la costa, me parece ver algunas casas y grúas que poco a poco van aumentando de tamaño. La mar empieza a picarse y pierdo el estilo ligeramente, comienzo a acusar el cansancio, las olas irregulares rondan el metro de altura y me zarandean, sé que me queda poco pero no quiero cantar victoria hasta el final. Un último apretón, estoy a punto de conseguirlo, llegar hasta Marruecos nadando desde España. Doy mis últimas brazadas sacudido entre el oleaje y, lanzado por una ola, como si el mar quisiera darme su último aliento de ánimo, toco las rocas de Punta Cires. ¡No me lo puedo creer, acabo de cruzar el estrecho de Gibraltar nadando, el primer cruce de la expedición! Doy un grito de alegría liberando la tensión, celebrando la conquista. En ese momento, tocan el silbato desde la zodiac indicando el final de la travesía y me gritan el tiempo que me ha llevado cubrirla: 3 horas 55 minutos 21 segundos. ¡Menos de 4 horas!

Impresionante, ni en el mejor de los pronósticos hubiera sido capaz de imaginar realizar tan buena marca. Quiero disfrutar del logro y la satisfacción, me tumbo durante unos segundos haciendo el muerto, dejándome mecer por la mar, pensando si tendría fuerzas para regresar también nadando y hacer un doble cruce, pero creo que no. Doy unas brazadas hasta el Columba, subo a cubierta y, dándole un abrazo a todo el equipo, emprendemos el rumbo de vuelta a las costas de España, de vuelta a casa. No podía haber mejor manera de comenzar. En unos días volamos a Turquía para realizar el segundo cruce de la expedición, la unión de Europa con Asia.

Podéis ver dos vídeos del cruce a nado del Estrecho de Gibraltar en los siguientes enlaces:

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