TRAVESÍA MEIS-KAS: 2º cruce a nado de la ExpediciónNemoKayak

 In EXPEDICIÓN NEMO

El martes 26 de junio acometíamos con éxito el primer cruce a nado de la Expedición Nemo: el estrecho de Gibraltar, uniendo Europa y África. Sin embargo, no íbamos a tener mucho tiempo para la celebración. El viernes 29, apenas tres días más tarde, volábamos a Estambul (Turquía) para intentar el segundo cruce, la unión de Europa con Asia.

En un principio, el lugar escogido para realizar la travesía fue el estrecho del Bósforo. Sin embargo, debido al gran tráfico marítimo y la elevada contaminación, decidí elegir otro lugar de la geografía. Participaría en una carrera internacional de aguas abiertas que tiene lugar una vez al año y en el que se dan cita nadadores de numerosas nacionalidades. En vez de nadar en solitario, en esta ocasión lo haré acompañado. Se trata de una travesía de 7 kilómetros a través de un Área Marina Protegida del Mediterráneo desde la isla griega Kastellorizo (Europa) a la población turca Kas (Asia).

Tras un vuelo de cuatro horas desde Madrid a Estambul, y una pequeña espera en el aeropuerto de Sabiha, cogemos otro vuelo interno hasta la población de Dalaman, al sur del país y donde hemos quedado con Tolga Yücel, Director de Comunicación de la delegación turca de la organización medioambiental WWF. Una vez allí, todos juntos, nos embarcamos en un coche de alquiler rumbo a Kas.

Llegamos por la noche. Siempre me gustó llegar por la noche a los lugares, al amanecer del día siguiente tienes la sensación de despertar en un nuevo escenario por descubrir. Y así es, nunca pude imaginar que Kas sería una población tan bonita. Calles empedradas y casas blancas con balcones de madera y fachadas cubiertas de buganvillas hacen de este pueblito un hermoso y cuidado destino a orillas del mar, en el otro extremo del Mediterráneo.

El sábado lo dedicamos a conocer el lugar y sus gentes de la mano de Tolga, nacido en Kas, excelente persona y guía inmejorable. Realizamos una inmersión de buceo en sus aguas azules y cristalinas y entrevistamos a varios locales para documentar el estado medioambiental del Área Marina. Turquía resulta ser el país del Mediterráneo más contaminado por plásticos, el segundo es España. Por lo visto, muchas tortugas mueren cada año ahogadas por bolsas de plástico arrojadas en Libia y que las corrientes arrastran hasta esta región, además de la aparición de especies invasoras provenientes del mar Rojo. A última hora del día, asistimos al encuentro que tiene lugar en el Ayuntamiento de la población, donde nos damos cita los nadadores que al día siguiente participaremos en la carrera, recogida de chips y dorsales, entrega de pasaportes (no olvidemos que vamos a cruzar nadando una frontera intercontinental) y donde nos dan las instrucciones.

El domingo, a primera hora de la mañana, nos damos cita en el puerto donde nos espera el ferry que nos llevará hasta la isla griega Kastellorizo, llamada Meis en turco, y donde tendrá comienzo la carrera. Somos más de 160 nadadores de Turquía, Grecia, España, Estados Unidos, Ucrania…la atmósfera que se respira es inmejorable. Pasamos las vallas y el control de policía antes de embarcar, por lo visto en alguna edición anterior de la carrera hubo quien aprovechó el evento para cruzar ilegalmente la frontera y pretender entrar así en Europa. Durante la media hora que dura el trayecto aprovecho para calentar, hidratarme y tratar de visualizar la ruta. Me han explicado que las montañas detrás de Kas tienen forma de gigante tumbado, y he de nadar en dirección a la cabeza. He alquilado una zodiac para que los dos cámaras de la expedición y directores del documental que estamos grabando, Ibra y Guillermo, puedan realizar un seguimiento de cerca cuando estoy nadando. Hay un barco de prensa pero, por razones obvias, no se va a centrar sólo en mí. Cuando llegamos a Kastellorizo desembarcamos en una isla griega encantadora, un rincón tranquilo y hermoso del mundo donde parece que la vida llevara otro ritmo, una maravilla de isla donde tengo la sensación de que podría pasar una temporada, bucear, pescar y escribir un libro alejado del mundanal ruido.

Cuando dan la señal de salida, vamos saltando al agua desde el muelle y comienzo a nadar. Empiezo a buen ritmo, he nadado distancias superiores a los quince kilómetros y sé que puedo imprimir una buena velocidad para nadar siete kilómetros. De hecho, fantaseo con ganar la carrera. Voy adelantando nadadores, mientras bajo el agua puedo ver varios ejemplares de tortuga Boba (Caretta Caretta), la verdad que es un privilegio nadar en estas aguas.

Sin embargo, cuando alzo la vista para avistar la cabeza del gigante no es que no vea la cabeza, es que no veo el gigante, ¡y ni siquiera veo dónde está Kas!, a ras de agua cambia tanto la perspectiva. Veo varias poblaciones blancas a orillas del mar, pero no sé cuál es hacia la que me tengo que dirigir. No hay una gran señalización a base de boyas ni piraguas, por lo que resuelvo seguir a los nadadores que van delante de mí. Al cabo de media hora rebaso el cabo de la isla que me servía de referencia y, como quien dice, quedo solo en mitad del mar.

De repente, aparecen Ibra, Guille y Tolga en la lancha y les sigo a ellos para orientarme.

Voy sin neopreno, la temperatura del agua es buena, en torno a los 20 grados, después de haber entrenado en el Cantábrico durante los meses de enero y febrero, estoy preparado. Percibo cómo la costa asiática se va aproximando, y delante de mí veo una cabeza, otro nadador, como a cincuenta metros. Me propongo alcanzarlo. Al principio, cuando comencé a entrenar hace ya más de un año, sólo sabía nadar respirando por la izquierda, así que me propuse aprender a respirar por la derecha. Mejoré tanto, hasta el punto de nadar mucho mejor respirando por la derecha que por la izquierda. Sin embargo, cuando quiero esprintar, todavía hoy nado cogiendo aire por la izquierda. Alcanzo al nadador y me sitúo detrás de él, a escasos 5 metros, no quiero que se percate de mi presencia.

Me doy cuenta de que es una mujer, el año pasado ganó la edición una nadadora olímpica, y fantaseo con que es ella, que voy en segunda posición. No quiero adelantarla porque temo no saber hacia dónde he de nadar después, no tener una referencia, así que me quedo detrás de ella hasta prácticamente el final, cuando ya distingo el puerto. Aprieto el ritmo y me pongo a su lado, deben quedar unos trescientos metros. La rebaso, creo que voy el primero, vamos volando, me golpea la cabeza en varias ocasiones y la llegada es muy ajustada, sin embargo, consigo sacarle unos segundos de diferencia. Subo por la escalerilla, he tardado dos horas, me hacen unas fotos, me quitan el chip…No he ganado la carrera, he quedado en la posición número 15 y tercero de mi categoría.

Satisfecho con el resultado, sobre todo, con haber completado con éxito la unión a nado de Europa con Asia, el segundo cruce de la Expedición Nemo, y hecho el trabajo en Kas, volamos de nuevo de regreso a España para preparar el tercer desafío: una travesía de 4 kilómetros con el agua a 3ºC de temperatura en el estrecho de Bering uniendo América y Asia. Palabras mayores.

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